Hay temporadas que se reconocen antes del primer bocado. El aroma de las especias, las preparaciones calientes y el regreso del pan de muerto anuncian una época en la que la gastronomía mexicana encuentra en sus ingredientes y tradiciones una fuente inagotable de inspiración.
En San Ángel, TAGERS da la bienvenida a esta temporada con su Festival de Otoño, una propuesta que reúne recetas reconfortantes, reinterpretaciones de clásicos de la casa y nuevas combinaciones que dialogan con los sabores de octubre y noviembre.
Bajo la dirección de Ian Vergara, head chef de la marca, y su equipo de cocina, la carta incorpora preparaciones que van de las cremas especiadas y los platos con pipián a los desayunos con mole poblano, los postres de fruta y una selección de panadería inspirada en el Día de Muertos.
El resultado es una invitación a disfrutar el otoño desde distintas horas del día: de un desayuno sin prisa a una comida de temporada o una pausa dulce acompañada de una bebida caliente.

Sabores de temporada: entre el confort y la creatividad
La propuesta comienza con la Crema de la Estación, una preparación de camote rostizado con canela, cardamomo y jengibre, acompañada de una tosta artesanal con nuez y queso de cabra. La combinación apuesta por los matices dulces y especiados del camote, con contrastes de textura que evocan la cocina reconfortante de los días fríos.
Entre los platos principales destaca el pescado al pipián, una de las novedades de esta edición. El filete de tilapia se dora a la parrilla con mantequilla y se presenta con una costra de ajonjolí, pepitas de calabaza tostadas y huitlacoche, bañado en pipián verde y acompañado de arroz al cilantro. La receta recupera ingredientes profundamente vinculados con la cocina mexicana desde una composición contemporánea.
También regresa el pollo al horno en salsa de hongos: pechuga rellena de queso y tocino, cubierta con una salsa cremosa de hongos salteados al vino blanco. El arroz al cilantro y el brócoli con cebollitas cambray y pepitas completan el plato.
La carta conserva, además, una de las combinaciones más inesperadas de TAGERS: la Catrina Smash Burger, preparada con dos carnes de sirloin estilo smash, queso cheddar, tocino y aderezo de pepinillos y cebolla morada, servidos entre panes de muerto. Para esta temporada, también puede disfrutarse con la versión cubierta de ajonjolí, una alternativa que recupera una tradición panadera poblana menos dulce y de carácter más rústico.

Brunch de otoño: mole, masa madre y pan francés
En el desayuno y el brunch, el festival encuentra otro de sus puntos de interés. TAGERS combina ingredientes familiares con formatos que buscan renovar la experiencia de la primera comida del día.
El Catrín de Mole lleva el pan de muerto con ajonjolí a un terreno salado: se rellena con crujientes de chilaquiles en mole poblano y pollo deshebrado, con queso cotija, crema y cebolla. La propuesta reúne dos referencias reconocibles de la cocina mexicana en una sola preparación.
Para quienes prefieren sabores frescos y contrastes entre dulce y salado, la Tosta de Otoño parte de pan de masa madre y compota de higos elaborada en casa. Se completa con arúgula, queso de cabra, jamón serrano, nuez de Castilla tostada y miel de abeja.
El French Toast Café de Olla, por su parte, toma inspiración de una bebida tradicional mexicana. El pan francés se dora a la plancha con canela, azúcar y café, y se sirve con crema de queso ricotta, miel de piloncillo con canela y crumble de mantequilla con pepitas tostadas.
La propuesta se complementa con chilaquiles de temporada en mole poblano, pollo a la parrilla, queso cotija, crema, cebolla, aguacate y ajonjolí. Una carta pensada para quienes encuentran en el brunch un espacio para disfrutar tanto de los clásicos como de nuevas combinaciones.

Pan de muerto: una tradición que admite nuevas lecturas
Pocas preparaciones anuncian el otoño mexicano con tanta fuerza como el pan de muerto. Su presencia en la carta de TAGERS no se limita a una sola versión: la panadería incorpora distintas interpretaciones que exploran rellenos, coberturas y perfiles de sabor.
La selección incluye pan de muerto azucarado, una versión de chocolate, otra rellena de crema de avellana y cacao, y la novedad cubierta con ajonjolí. Esta última se inspira en una variedad tradicional de Puebla, donde el pan adquiere un perfil menos dulce y una identidad ligada a la panadería regional.
La oferta también suma una concha rellena de dulce de calabaza y una danesa de guayaba con queso, dos preparaciones que aprovechan sabores asociados con la temporada y amplían el repertorio de la panadería.
Para quienes desean llevar estos sabores a casa, TAGERS ofrece opciones de temporada en su área de bakery, con cheesecake de guayaba y pay de calabaza también disponibles en tamaño familiar.

Calabaza, guayaba y especias para cerrar la experiencia
En el apartado dulce, el cheesecake de guayaba y el pay de calabaza recuperan ingredientes que encuentran su lugar natural en la repostería de otoño. La fruta aporta un perfil aromático y ligeramente ácido, mientras que la calabaza se presta a combinaciones cálidas con especias.
Las bebidas también forman parte de la experiencia. El Pumpkin Chai combina una preparación casera de calabaza con canela y pumpkin spice, mientras que la malteada de pan de muerto convierte uno de los símbolos de la temporada en una propuesta fría y cremosa.
Para comenzar la tarde con un perfil más fresco, la Pócima de Bruja mezcla gin, Prosecco y limón, con carbón activado y destellos decorativos. La alternativa sin alcohol, Mandarina Cooler, combina sorbete artesanal de mandarina, soda de limón, hierbabuena y gomitas enchiladas.
Una temporada para volver a la mesa
El Festival de Otoño de TAGERS reúne distintas formas de acercarse a la gastronomía estacional: ingredientes que evocan el cambio de clima, recetas inspiradas en la tradición mexicana y preparaciones que exploran combinaciones menos convencionales.
Entre el mole poblano, el pipián verde, el pan de muerto con ajonjolí y los postres de calabaza, la propuesta encuentra su identidad en el contraste entre memoria culinaria y creatividad. Una invitación a descubrir los sabores del otoño en San Ángel y a hacer de cada comida una experiencia que va más allá del plato.